El sábado pasado compré los dos últimos volúmenes (el 19 y el 20, respectivamente) de Angel Sanctuary. Ha pasado mucho
tiempo desde que empecé a comprarla atraído por su controvertida temática y su peculiar dibujo. Debió de haber sido allá por el 2002 cuando empecé con ella, cuando apenas estaban publicados seis volúmenes. Desde 2002 a marzo de 2006 ha llovido mucho para esta serie, incluyendo una cancelación temporal de más de un año por problemas de licencias de la editorial, y la aparición en España de la penosa versión animada de los 4 primeros tomos. Quizás algún día escriba sobre las razones por las que pienso que el anime es bastante lamentable en comparación a su versión en papel, pero no es el momento. Toca hablar del manga.
La autora, Kaori Yuki, es una de las dibujantes de más prestigio de la revista japonesa Hana to yume, en la que se han publicado cosas como Please save My Earth, lo que nos da una idea de que el tipo de shojo que se suele ver ahí no se corresponde con la imagen de series para adolescentes hiperhormonadas, con azúcar suficiente como para cegar a un perro. Yuki gusta de tratar otros temas aparte del shôjo, como el terror psicológico y el suspense, cosa que hizo en Count Cain, una serie anterior a la que me ocupa ambientada en el siglo XIX, aunque parece ser que su tema predilecto es el incesto, que aparece en dos de sus series, entre ellas Angel Sanctuary.
He dicho antes que lo que me atrajo de esta serie fue su dibujo y su temática. Si ahora tuviese que darle razones a alguien para que se la comprase, aparte de esos dos aspectos le mencionaría el aspecto trágico del guión. Angel Sanctuary es en buena medida una tragedia con muchos elementos extraídos de la mitología cristiana, pero repleta de los personajes que pueblan estas obras, como gente encadenada a un destino fatal, otros que sufren salvajemente a causa de la moral hipócrita y similares.
La historia nos cuenta la vida de Setsuna Mudo y su hermana Sara. Siendo odiado por su madre e ignorado por su padre, Setsuna se convierte en un delicuente juvenil con poco interés en sus estudios. Tan sólo la dedicación de su hermana, profundamente religiosa, le ayuda a salir de ahí. El hecho de tenerla siempre tan cerca de él hace que ambos se enamoren, con la consiguiente incomprensión de los que los rodean. Para colmo de males, pronto Setsuna empieza a ser perseguido, dado que parece ser la reencarnación de un ángel femenino que en el pasado se reveló contra Dios, tras lo cual fue condenada a reencarnarse infinitas veces, sufriendo una terrible muerte. Después de haber huido con su Sara de la sociedad, ella es asesinada, por lo que Setsuna debe asumir su destino.
Esto es, muy por encima, la historia de los cuatro primeros tomos que da pie al conflicto que desata la serie. La complejidad que alcanza la trama en los tomos posteriores al octavo es realmente elevada, con una galería de personajes inmensa e intrincadas relaciones entre ellos. Juegos como Xenogears parecen tener una historia simplona en comparación. Es por ello que tampoco he tratado de comentarla en profundidad, porque nadie sería capaz de reflejar su extensión de manera convincente.
¿Manga corriente o tragedia clásica?
Desde el principio, Yuki pone las cartas sobre la mesa, tratando sin tapujos el incesto y el conflicto emocional que supone para Sara enfrentarse a ello. Pero no se centra en los aspectos morbosos, y tampoco se pasa en su explotación, ya que antes del tomo 5 tanto Sara como Setsuna han asumido perfectamente sus problemas. A partir de ahí, que es cuando la historia comienza a progresar, Yuki deja los temas amorosos a un lado y se centra en otros, como la naturaleza de Dios, la desvinculación del mundo real o la división artificial del universo entre el bien y el mal. Porque, en contra de lo que pueda parecer, esta serie no trata de confllictos sangrientos entre ángeles y demonios. No hay maniqueísmo, se pone énfasis en que los demonios, pese a su condición, son tan bellos y divinos como los ángeles. Hay un evidente satanismo en la serie: Lucifer es un hermoso ángel de 4 alas, que escogió hacer el mal de forma deliberada, pero también es capaz de sentir emociones y ayudar a sus seres más cercanos.
Hay personajes en esta serie realmente interesantes, como el propio Setsuna, un joven rebelde sin madera de héroe, que tiene un inmenso deseo de desaparecer del mundo que lo rodea (llega a intentar suicidarse en una ocasíón), o Rociel, que bajo mi punto de vista es el verdadero protagonista de la serie: un ángel que gozó en exclusiva de la gloria de Dios durante toda su existencia, para luego pasar a ser un personaje que disfruta haciendo el mal y que acaba revelando su verdadera esencia en los últimos números, como una mente salvajemente torturada y mutilada por su creador, atado a un amor que jamás podrá expresar. Su drama junto a su hermana Alexiel es, a mi modo de ver, la verdadera historia de Angel Sanctuary: dos seres primordiales destinados a amarse, pero que jamás podrán hablar o verse durante toda la eternidad. Su final, como no podía ser de otra forma, es una auténtica catarsis, una liberación total para ambos. En este sentido se nota quizás la influencia de Seth et Holth, una película japonesa visual de 1993, que trata temas similares.
Otros personajes destacables son Raphael, ángel misógino y adicto al sexo que gracias a Sara logrará preocuparse de los demás, y Sevotharthe, otro ángel con vida truncada a causa de la moralidad imperante. Este último también protagoniza su propia tragedia.
Por desgracia, no todo es tan perfecto como pudiera parecer: algunos personajes no son del todo bien llevados, y a otros podría habérseles sacado mucho más partido. Hay aspectos en la historia que uno cree que van a resultar claves, pero que al final son bastante intrascendentes, como el papel de Sara como la verdadera conciencia del arcángel del agua, o el personaje de Kurai, bastante desperdiciado teniendo en cuenta lo que podía dar de sí. Son cosas que, por separado, son perfectamente comprensibles y perdonables en una serie con una cantidad de personajes tan grande, pero que en cojunto desvirtúan ligeramente el resultado final.
A mí también me encanta el visual.
Queda hablar del dibujo, que es la gran piedra angular de todo esto, y que cohesiona guión con temática. Tampoco es que haya mucho que contar, pese a que a priori el dibujo de Kaori Yuki es espectacular, con un grafismo muy detallado. A lo largo de la serie es más que obvio que esta mujer siente verdadera pasión por el estilo musical japonés visual kei (el de grupos como X-Japan en sus inicios, Malice Mizer, Mucc y tantísimos otros), algo que se plasma perfectamente en la forma de enfocar las escenas, todas ellas repletas de una enorme confusión y ambigüedad (de hecho, los sucesos claves de la historia a menudo se pueden intepretar de varias formas por esto que comento), en parte gracias a la omisión de detalles clave para su comprensión. No es que la explicación de los hechos no esté ahí; se ofusca con la actitud y diálogos de los personajes.
El diseño de éstos está inspirado en algunos casos en estrellas del visual, y el vestuario cobra gran importancia y se encuentra perfectamente caracterizado: Rociel, por ejemplo, viste siempre con un aspecto de militar, mientras que Sara en cambio lleva a menudo faldas largas y trajes que realzan su inocencia y bondad natural.
Y en realidad, esa influencia estética del visual se ajusta como un guante a la serie, realzando el dramatismo, dotándola de ese pathos intrínseco del visual. Por momentos parece que realmente se van a dramatizar algunas partes (recordemos que, por definición, el visual tiene influencias de géneros teatrales japoneses como el kabuki), aunque no se llega a ello.
En definitiva, una buena serie, con temas muy interesantes, confusa y amena de leer, cosa que no es poco en los días que corren, con la vulgaridad y la zafiedad campando a sus anchas por el mundillo del manga. Estaré atento a otras obras de la autora, como la mencionada Count Cain, que también tiene muy buena pinta.